Blancanieves y los Siete Enanitos (1937) fue «La Locura de Disney», el proyecto que Hollywood predijo llevaría a Walt Disney a la quiebra. En 1934, Disney reunió a 40 colaboradores en un pequeño estudio de grabación, apagó las luces y pasó cuatro horas narrando teatralmente el cuento de los hermanos Grimm. Los magnates del cine le advertían que nadie aguantaría hora y media de animación, que el público solo estaba acostumbrado a cortometrajes de seis minutos. Walt ignoró el pesimismo: tuvo que hipotecar su casa para financiar una película que inicialmente costaría 500,000 dólares pero terminó en 1.5 millones. El proyecto integró 600 dibujantes, 20 directores (David Hand supervisó, no dirigió propiamente), 22 animadores y dos millones de dibujos, de los cuales solo 400,000 llegaron al montaje final. La producción duró tres años completos y se terminó literalmente dos semanas y media antes del estreno, sin tiempo para publicidad masiva.
Las Silly Symphonies sirvieron como banco de pruebas: The Goddess of Spring (1934) experimentó con Perséfone para los movimientos de Blancanieves, Broken Toys (1935) usó a una muñeca ciega para gestos femeninos delicados, The Old Mill (1937) perfeccionó los efectos de profundidad con la cámara multiplano. Blancanieves se inspiró visualmente en la actriz Janet Gaynor, mientras la Reina Malvada debía ser «una mezcla de Lady Macbeth y el lobo feroz» según palabras del propio Walt. Los siete enanitos fueron las verdaderas estrellas: sus cejas se diseñaron imitando las expresivas cejas de Walt Disney. Faltando menos de un año para el estreno, aún no tenían nombres definitivos. Tontín se llamaba simplemente «Séptimo», y la lista de candidatos incluía Wheezy, Puffy, Stuffy, Biggo, Ego, Jumpy, Baldy, Nifty, Gabby, Stubby y Burby. Los artistas ganaban cinco dólares (buena cantidad en 1930) por cada gag que incluyera enanitos y llegara al montaje final. Inicialmente iban a cargar palas, pero cambiaron a picos. En el diseño final solo tienen tres dedos y un pulgar. Se cortó una escena donde los enanitos construían una cama gigante para Blancanieves por falta de tiempo, ni siquiera se coloreó.
Lucille La Verne, voz de la Reina Malvada, dejó atónitos a los animadores cuando necesitaban una versión rasposa para la Bruja. Salió de la cabina, regresó minutos después con la voz perfecta. ¿El secreto? «Simplemente me quité los dientes». Adriana Caselotti, voz de Blancanieves, fue sometida a un contrato tan estricto que nunca volvió a tener un papel cantado real en películas (excepto un cameo minúsculo en El Mago de Oz 1939), a pesar de ser cantante clásica entrenada. Walt quería mantener su voz como «sonido especial único». Algunos animadores se opusieron al nombre «Dopey» (Tontín) por ser demasiado moderno para un cuento atemporal, pero Walt argumentó que Shakespeare usó la palabra en una de sus obras. La película fue el primer largometraje animado en color usando Technicolor, tecnología en fase de prueba. Los interiores usaron tonos sobrios para dar vetustez, los exteriores emplearon paleta dulce inspirada en acuarelas de cuentos infantiles. Walt sugirió uso dramático de sombras para crear realismo y sorpresas.
El estreno fue el 21 de diciembre de 1937 en el Carthay Circle Theatre de Los Ángeles con celebridades como Charles Chaplin, Marlene Dietrich, John Barrymore y Judy Garland. La audiencia dio standing ovation al terminar. Seis días después, Walt Disney y los siete enanitos aparecieron en la portada de Time magazine. Recaudó 8 millones de dólares en su lanzamiento inicial contra 1.5 millones de costo, convirtiéndose en la película más taquillera de 1938, mantuvo brevemente el récord de película sonora más taquillera de todos los tiempos hasta que Lo Que el Viento Se Llevó (1939) la desplazó. En tres meses, más de veinte millones de personas la vieron. Fue doblada a más de veinte idiomas y reestrenad décadas siguientes. La Academia solo la nominó a Mejor Banda Sonora (perdió), causando quejas masivas en prensa nacional. En 1939, la Academia le otorgó premio especial por innovación, entregado por Shirley Temple de 10 años con ocho estatuillas (una grande y siete pequeñas). Disney usó las ganancias para financiar un nuevo estudio de 4.5 millones en Burbank (sede actual de Disney), completó Pinocho y Fantasía en dos años, comenzó Dumbo, Bambi, Alicia y Peter Pan. En 1989 fue considerada «cultural, histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso. Los derechos de autor entrarán al dominio público estadounidense el 1 de enero de 2033.
Los videojuegos llegaron 64 años después. Snow White and the Seven Dwarfs para Game Boy Color (noviembre 2001, desarrollado por Planet Interactive, publicado por Ubisoft) se lanzó junto con la edición Platinum del DVD. El juego es un platformer de desplazamiento lateral con dos modos: Story Mode con siete niveles diferentes donde recolectas objetos y ganas juegos bonus para desbloquear capítulos de la historia, y Playground Mode con minijuegos y puzzles desafiantes. Los entornos y animaciones fueron creados por Disney Studios. Incluye todos los personajes: Blancanieves, Dopey, Happy, Grumpy, Sleepy, Sneezy, Bashful, Doc, Príncipe Encantador y la Reina Malvada. Al completar desafíos, la historia clásica se despliega en pantalla. El juego es compatible tanto con Game Boy Color como Game Boy Advance. Existió también un prototipo para Atari 2600 que fue cancelado por el crash norteamericano de videojuegos de 1983, aunque un prototipo parcialmente funcional se vendió en la Classic Gaming Expo 2002. Blancanieves también aparece en Kingdom Hearts (2002) para PlayStation 2 como una de las siete legendarias Princesas del Corazón. El primer clásico animado de Disney tardó 64 años en recibir su primera adaptación interactiva oficial, pero su legado había transformado el cine para siempre desde aquella noche de diciembre de 1937 cuando Hollywood aprendió que los cuentos de hadas animados podían ser tan poderosos como cualquier película de imagen real.
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