Si creciste con una Super Nintendo o una Genesis (Mega Drive) en los años 90, probablemente recuerdas con mezcla de nostalgia y frustración el videojuego de El Rey León. Un juego con personajes adorables, música espectacular y una portada que invitaba a la aventura… que terminaba estrellándote contra una pared invisible de dificultad. Y no era tu imaginación ni tu falta de habilidad. Era intencional.

El canal Leyendas y Videojuegos dedica uno de sus videos a explorar precisamente esa pregunta que muchos nos hicimos de niños: ¿por qué un juego de Disney, aparentemente dirigido a niños, era tan brutalmente complicado?

The Lion King fue desarrollado por Westwood Studios y publicado por Virgin Interactive Entertainment para Super NES y Sega Genesis en 1994, siendo posteriormente portado a Game Boy, PC, Amiga, Master System y Game Gear. Un dato curioso que pocos asocian: ese mismo Westwood Studios sería el responsable de Command & Conquer apenas un año después.

El juego ponía a los jugadores en control del pequeño Simba a través de diez niveles llenos de plataformas, enemigos y obstáculos. Aunque los primeros compases eran manejables, la curva de dificultad se disparaba rápidamente de manera que desconcertaba a cualquiera.

La respuesta a ese misterio llegó años después gracias a una revelación del propio director creativo del juego. Louis Castle confesó en una entrevista que Disney había realizado un estudio sobre el comportamiento de los jugadores que alquilaban videojuegos durante un fin de semana. Según ese estudio, una vez que el jugador superaba cierto porcentaje del juego, las probabilidades de que comprara el título caían drásticamente. La solución que encontró Disney fue tan simple como cruel: hacer el juego lo suficientemente difícil para que nadie pudiera terminarlo antes de tener que devolver el cartucho a la tienda.

Pese a la negativa del equipo de diseño y el poco tiempo disponible para modificar la dificultad, Disney finalmente logró que se añadieran más monos y variables al famoso puzle de los simios, creando uno de los muros de dificultad más recordados de la era de los 16 bits.

La fase Hakuna Matata, con su sección de la cascada, es quizás el ejemplo más representativo: requería una precisión al saltar entre plataformas que resultaba casi imposible para el público infantil al que supuestamente estaba dirigido el juego.

Para agravar aún más las cosas, perder todas las vidas significaba empezar de cero, ya que el juego no ofrecía ninguna posibilidad de guardar la partida. Un detalle que convertía cada sesión en una prueba de paciencia tanto para los niños como para sus padres.

A pesar de todo, o quizás precisamente por eso, El Rey León quedó grabado en la memoria de toda una generación. El juego vendió más de tres millones de copias y sigue siendo considerado una de las mejores adaptaciones de una película al mundo de los videojuegos. Hoy puede disfrutarse nuevamente gracias a la colección Disney Classic Games, disponible en consolas modernas.

Básicamente detrás de cada decisión de diseño hay una historia, y a veces esa historia tiene más que ver con estrategias comerciales que con el arte. Una lección de historia del videojuego que cualquier amante del retrogaming debería conocer.

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