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ASUS ROG Zephyrus S: análisis del portátil gaming ultrafino más ambicioso

Durante el Computex de 2017, ASUS presentó un portátil que llamó la atención de inmediato: el primer Zephyrus. En ese momento era el portátil gaming más fino y portable del mercado capaz de mover juegos triple A con gráficos en alto y fps estables. Demasiado bueno para ser cierto, o eso parecía. Años después llega el Zephyrus S GX531, una nueva versión que corrige buena parte de los problemas de la primera generación. Esto es lo que da de sí.

El reto de hacer un portátil gaming fino: por qué es tan difícil

Para entender lo que hace especial al Zephyrus S conviene entender primero el problema que resuelve. Cuanto más rendimiento tiene un portátil, más consumo eléctrico genera. Más consumo significa dos cosas: un cargador más grande y más calor que hay que disipar. Esto es así para el procesador, la gráfica, la RAM y cualquier componente electrónico. Más potencia, más corriente, sin excepciones.

La disipación del calor en un portátil se hace mediante heatpipes, tubos de cobre con microcanales rellenos de un líquido que se evapora para transmitir el calor de un extremo al otro. Esos heatpipes conectan con disipadores que los ventiladores enfrían. Cuanto más gruesos los disipadores y más tubos hay, mejor se enfría el portátil, pero también más espacio ocupa y más pesa. El conflicto entre potencia y tamaño es físico, no una decisión de diseño.

El Zephyrus original llevaba una GTX 1080, convirtiéndolo en su momento en el portátil más potente de su tamaño, pero esa gráfica era demasiado potente para un chasis tan fino. ASUS lo resolvió con dos decisiones de ingeniería muy ingeniosas.

La primera fue mover el teclado hacia la parte inferior del portátil, dejando todo el espacio central disponible para el sistema de refrigeración. Esto permite además usar la zona superior de la base para tomar aire frío directamente, algo imposible si hubiera un teclado en medio.

La segunda fue una tapa inferior que se levanta automáticamente al abrir la pantalla. Esta solución no solo permite un flujo de aire mucho mayor sin necesidad de rejillas, sino que también hace que el portátil funcione bien sobre cualquier superficie, incluidas las piernas del usuario, sin bloquear la entrada de aire.

Qué cambió respecto a la primera generación

El Zephyrus original fue un portátil técnicamente brillante pero con compromisos importantes. El cargador era tan grande como el de un Alienware tope de gama, la batería no llegaba a las dos horas de autonomía en uso real y la iluminación del teclado era excesivamente intensa, sin términos medios entre encendido y apagado.

El nuevo Zephyrus S GX531 existe en dos versiones, una de 15 pulgadas y otra de 17. La de 17 pulgadas incluye además una webcam externa separada del cuerpo. El modelo analizado aquí es el de 15 pulgadas con RTX 2070 Max-Q, que resulta el más equilibrado de los dos.

Las mejoras respecto a la primera generación son notables. Los altavoces, situados en la parte superior orientados directamente al usuario, suenan notablemente mejor que los del modelo original. No son los mejores del mercado, los altavoces del MacBook los superan, pero permiten escuchar música y ver vídeo con comodidad sin necesitar auriculares. La iluminación del teclado también se ha corregido, ahora tiene tres niveles de brillo bien calibrados que no deslumbran en condiciones de poca luz.

La pantalla: el cambio más importante

La primera generación del Zephyrus llevaba un panel TN de 144 Hz. Técnicamente capaz, con tiempos de respuesta bajos e ideal para gaming, pero con los problemas de reproducción de color típicos de los paneles TN.

El nuevo Zephyrus S monta un panel AU Optronics AHVA, que es la implementación propietaria de IPS por parte de AU Optronics. Es el mismo tipo de panel que llevan portátiles de la serie S de MSI, con 144 Hz, muy buena reproducción de color, buen contraste y certificación Pantone, lo que garantiza que el monitor es capaz de distinguir con precisión los distintos tonos de color. Algo que no todos los paneles consiguen, especialmente los TN de gama baja.

El único punto débil de este panel es su brillo máximo, que ronda los 260 nits según las mediciones de webs especializadas, algo justo para uso en exteriores con luz directa. Para cualquier consulta técnica sobre monitores, merece la pena acudir a sitios como TFT Central, que realiza mediciones reales en laboratorio en lugar de fiarse de las especificaciones de los fabricantes.

Teclado y touchpad: cuestión de contexto

La posición del teclado en la parte baja del portátil es el elemento más polémico de todo el diseño. La experiencia varía enormemente según cómo se use el portátil.

Sobre una mesa, la experiencia es sorprendentemente buena. La altura del portátil es similar a la de un teclado mecánico externo, por lo que apoyar las manos resulta natural. Sobre las piernas, la historia es diferente: la distancia hasta el teclado obliga a colocarlo de forma incómoda para alcanzar bien las teclas. En un avión en clase económica es directamente inusable por la falta de espacio entre asientos.

El touchpad, situado a la derecha del teclado en lugar del centro habitual, sorprende por lo rápido que resulta acostumbrarse a su posición. Es preciso, tiene buen tacto y no presenta fallos de detección. Su tamaño es algo reducido, pero tiene una función adicional útil: cuando se conecta un ratón externo puede configurarse como teclado numérico, un detalle bien pensado. La experiencia óptima con este portátil es sobre una mesa con ratón externo, sin ninguna duda.

Conectividad y puertos

La selección de puertos es correcta para un portátil gaming, con varios USB 3.1 y USB-C que también es 3.1, aunque sin soporte Thunderbolt. Una ausencia que sí resulta llamativa es la del puerto Ethernet RJ45. Para conectarse a red cableada hay que recurrir a un adaptador USB-C.

Donde destaca la conectividad inalámbrica es en el WiFi, con soporte para el estándar 802.11ac y doble antena que en la práctica ofrece un rendimiento excelente, limitado únicamente por la calidad del router.

El USB-C soporta carga externa de hasta 65 vatios, lo que permite usar un cargador más compacto para situaciones de emergencia o viaje. No es suficiente para jugar con pleno rendimiento, ya que el adaptador oficial llega a los 230 vatios, pero para tareas de escritorio o trabajo ligero es una opción muy práctica. El USB-C es además compatible con DisplayPort, que es la conexión recomendada para un monitor externo. En la parte trasera hay también un HDMI, más orientado a gafas de realidad virtual.

Interior y rendimiento

El sistema de refrigeración consta de cinco heatpipes que van a cuatro disipadores con dos ventiladores de 12 voltios. La gestión térmica es automática pero también configurable desde el software incluido, que permite ajustar la curva de los ventiladores y subir la frecuencia base de la gráfica manualmente.

El procesador es un Intel Core i7-8750H de seis núcleos, y la gráfica una RTX 2070 Max-Q. Las tarjetas Max-Q tienen cierta controversia en esta generación porque NVIDIA define un rango de rendimiento recomendado, y el resultado final depende de cuánta refrigeración y potencia eléctrica le proporcione cada portátil.

En las pruebas realizadas, la RTX 2070 Max-Q del Zephyrus S alcanza frecuencias de hasta 1665 MHz, muy por encima de la frecuencia base de 1185 MHz especificada para esta variante, lo que demuestra que el sistema de refrigeración del portátil aprovecha bien el margen que tiene la gráfica.

En Battlefield V con todo en ultra a 1080p y ray tracing desactivado, no se baja de los 90 fps. Con ray tracing activado en exteriores, los fps oscilan entre 60 y 80. En zonas interiores, donde el ray tracing no se aplica, se supera cómodamente los 100. En Metro Exodus con ray tracing activado, los resultados son similares. En Tomb Raider, uno de los juegos más exigentes gráficamente, no se baja de los 70 fps con todo al máximo en 1080p.

La conclusión de las pruebas es que la RTX 2070 Max-Q resulta quizás excesiva para una pantalla de 1080p. Con una tarjeta de gama algo inferior se podría mantener una experiencia muy similar en los juegos más exigentes, a un precio considerablemente menor.

Batería y autonomía: el talón de Aquiles

La autonomía sigue siendo el punto más débil del diseño. En uso normal el portátil llega a las dos horas. Bajando el brillo al mínimo, desactivando la gráfica dedicada y poniendo el modo ahorro de energía, se alcanzan unas cuatro horas a duras penas. Una mejora respecto a la primera generación, pero insuficiente para quien necesita trabajar fuera de casa durante varias horas sin acceso a un enchufe.

El teclado descentrado y la batería limitada son los dos compromisos directos del diseño ultrafino. El sistema de refrigeración que hace posible meter una RTX 2070 en este chasis ocupa el espacio que en otros portátiles iría destinado a una batería más grande.

Conclusión: ¿para quién es este portátil?

El Zephyrus S GX531 es un portátil extraordinariamente bien construido que resuelve los principales problemas de la primera generación. Buena pantalla IPS, altavoces mejorados, iluminación de teclado corregida y un rendimiento térmico que permite aprovechar bien la gráfica RTX 2070 Max-Q gracias a su ingenioso diseño de refrigeración.

Sus limitaciones son consecuencia directa de sus virtudes. El teclado en posición baja es ideal sobre una mesa pero incómodo en otros contextos. La batería de cuatro horas en uso ligero lo condiciona para largas jornadas fuera de la oficina. La ausencia de puerto Ethernet obliga a llevar un adaptador.

Es un portátil pensado para quien quiere lo mejor en gaming y productividad sobre una mesa, con la posibilidad de trasladarlo cuando sea necesario, pero sin pretender ser una solución para trabajar en cualquier lugar y situación. Para ese perfil de usuario concreto, es difícil encontrar algo mejor en su tamaño.

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