Intel es la empresa de procesadores más antigua que aún sigue activa. Se fundó en los años 60, en 1971 lanzó el primer procesador a la venta y una década después IBM eligió el Intel 8088 para el primer PC de la historia. Durante décadas fueron tan innovadores que cada dos años conseguían doblar el número de transistores en sus chips, lo que llevó a uno de sus fundadores, Gordon Moore, a enunciarlo como principio, dando lugar a la famosa Ley de Moore.

Intel dominó el mercado durante los años 80, 90, 2000 y los 10. Pero en 2025, la empresa está en medio de un despido masivo de 24.000 empleados, un 15% de su plantilla. El año pasado sufrió la mayor caída en bolsa de su historia. Su CEO anterior, Pat Gelsinger, dimitió en diciembre. El nuevo CEO tuvo que reunirse en la Casa Blanca con Donald Trump, que había pedido públicamente su dimisión. Las cosas no van bien.

Las cuatro marcas que definen el mercado hoy

Si en 1995 la respuesta a qué procesador comprar era obvia, en 2025 hay cuatro jugadores muy distintos y cada uno con sus propias fortalezas.

Intel sigue siendo el fabricante más presente por volumen de ventas: un 65,5% de los ordenadores vendidos en el primer trimestre de 2025 llevan Intel. Pero esa presencia viene en gran parte de inercia histórica y relaciones comerciales establecidas, no de superioridad técnica.

AMD nació como fabricante de clones de procesadores Intel. En los 70 Intel les dio licencia oficial para hacer versiones más baratas de sus CPUs, pero en el 86 dejaron de licenciar sus tecnologías y AMD tuvo que hacer ingeniería inversa para seguir adelante. Hubo muchas batallas legales. AMD tuvo su época dorada en los 90 y principios de los 2000, luego se fue quedando atrás hasta el punto en que en 2015 sus acciones valían menos que una hamburguesa. En 2017 lanzaron Ryzen y cambió todo. Hoy AMD lidera en gaming y en gráficas integradas, diseña los chips de PlayStation, Xbox y la Steam Deck, y vende el 20,6% del mercado.

Apple usó procesadores Motorola, luego Intel, hasta que hace aproximadamente cinco años presentó Apple Silicon. Sus chips de iPhone ya eran los más avanzados del mundo en móviles, así que decidieron llevar una versión modificada de esa tecnología a los Mac. El resultado dejó a Intel y AMD en ridículo en eficiencia energética: rendimiento comparable pero con mucho menos consumo, menos calor y mucha más autonomía. El 10,4% de los ordenadores vendidos son Mac, un número que a muchos sorprende por ser mayor de lo esperado. La limitación es que los chips de Apple son exclusivos de sus propios dispositivos.

Qualcomm es el fabricante principal de procesadores para móviles Android. Cuando vio que Apple iba a entrar en ordenadores, reaccionó comprando la startup que habían fundado precisamente los ingenieros que se marcharon de Apple y que habían diseñado el Apple Silicon. Con esa tecnología crearon los Snapdragon X, procesadores para portátiles Windows que prometen ser el equivalente a los chips de Mac pero en el ecosistema de Microsoft. El resultado no fue tan bueno como esperaban: tienen entre un 2 y 3% del mercado.

Lo que define a un procesador: cuatro factores clave

Antes de entrar en modelos concretos, conviene entender qué hace que un procesador sea bueno o malo. Hay cuatro factores principales.

El consumo energético es la cantidad de vatios que usa el procesador. Como regla general, más consumo implica más potencia, pero también más calor y en portátiles mucho menos autonomía. Los datos de consumo que publican las marcas son orientativos y bastante marketinianos: el consumo real varía constantemente según la carga de trabajo, la temperatura y el modo de configuración. Para saber la verdad hay que acudir a reviews técnicas con mediciones reales.

La tecnología engloba dos cosas distintas pero relacionadas. La microarquitectura es el diseño de los circuitos que cada empresa desarrolla, cómo están colocados los transistores para hacer los cálculos de la forma más eficiente posible. La tecnología de nodo define el tamaño físico de esos transistores: cuanto más pequeños, menos corriente consumen. A día de hoy ambas están algo estancadas y las mejoras de generación en generación son más modestas que en décadas anteriores.

Los núcleos son las unidades de cálculo del procesador. Tener más núcleos permite hacer más cosas simultáneamente. La media actual en procesadores nuevos es de ocho núcleos. Para gaming eso es más que suficiente. Para edición de vídeo profesional, renderizado 3D o streaming intensivo, más núcleos marcan diferencia. Casi todas las marcas usan ahora una filosofía llamada Big Little: algunos núcleos grandes y potentes para tareas exigentes y otros pequeños y eficientes para tareas ligeras, ahorrando batería cuando no se necesita toda la potencia.

La frecuencia es algo así como las revoluciones de un motor: a más frecuencia, el procesador trabaja más rápido pero consume más. Era un factor muy determinante años atrás. Hoy en día su importancia relativa ha bajado porque las mejoras más grandes vienen de la arquitectura y la tecnología de fabricación.

Intel en 2025: la gama actual y cómo navegarla

La generación actual de Intel tanto en torres como en portátiles se llama Ultra 200. Los modelos van del 225 al 285 y se dividen en tres series: Ultra 5 para la gama de entrada, Ultra 7 para la gama media y Ultra 9 para lo más alto. La diferencia entre ellos es el número de núcleos y la frecuencia.

Un dato importante que mucha gente pasa por alto: la diferencia entre el Ultra 9 285K y el Ultra 7 265K es de apenas 200 MHz más de frecuencia y cuatro núcleos eficientes adicionales. En rendimiento real para gaming la diferencia es de aproximadamente un 4%, pero el precio puede llegar a ser casi el doble. No siempre el número más alto justifica el coste.

Algunos modelos llevan letras adicionales al nombre. La K indica que están desbloqueados para overclocking. La F indica que no tienen gráfica integrada, son algo más baratos y están pensados para quien va a añadir una tarjeta gráfica dedicada. Una T al final indica modelos de bajo consumo pensados para PCs premontados.

En portátiles la nomenclatura se complica. Los mismos números de modelo tienen tres versiones con letras distintas. HX es rendimiento extremo para portátiles gordos de gaming. H es alto rendimiento para portátiles gaming más finos. U es para ultrabooks con mejor autonomía pero menos potencia.

Un aviso importante: Intel está reeditando actualmente procesadores de serie 11 en portátiles, modelos que deberían estar completamente descatalogados, simplemente porque no tienen suficiente stock de las generaciones nuevas. Conviene verificar la generación al comprar para no acabar con hardware antiguo a precio de nuevo.

La excepción más interesante dentro de Intel son los procesadores acabados en V, conocidos internamente como Lunar Lake. Aunque pertenecen nominalmente a la serie 200, son una tecnología completamente diferente diseñada para competir con AMD, Apple y Qualcomm en eficiencia. Tienen gráficas integradas notablemente buenas, mucha mejor autonomía y son los más interesantes de toda la gama Intel actual para ultrabooks y dispositivos compactos como el MSI Claw 8 AI Plus. Su problema son los drivers de gráfica, que por ser tecnología más nueva aún no están totalmente optimizados para todos los juegos.

Un cambio significativo en la serie 200 es que por primera vez Intel no fabrica estos chips en sus propias instalaciones sino en TSMC, la misma fábrica que usa Apple, AMD, Nvidia y prácticamente todos los demás. Esto mejora la eficiencia respecto a generaciones anteriores, pero también es una señal clara de que las fábricas propias de Intel han quedado por detrás tecnológicamente.

Por qué Intel está cayendo: los problemas que acumuló

La caída de Intel no fue repentina sino el resultado de varios problemas que se fueron acumulando.

El primero y más visible fue la crisis de estabilidad de las generaciones 13 y 14. Intel apretó demasiado sus procesadores para competir con AMD, lo que causó voltajes excesivos de fábrica que degradaban físicamente los chips. A los seis meses de uso muchos usuarios empezaban a experimentar pantallazos azules y fallos. Aunque se fueron corrigiendo con actualizaciones de BIOS y microcódigo, los chips ya dañados físicamente no tenían solución: había que cambiarlos. Esto afectó especialmente a los modelos de gama alta, que son precisamente los que compran los usuarios más informados y los que luego recomiendan hardware a su entorno.

El segundo problema es la ausencia casi total en inteligencia artificial. Prácticamente toda la IA del mundo corre en tarjetas gráficas, especialmente de Nvidia. Intel tiene sus gráficas Arc y tecnologías como OpenVino para combinar procesador, NPU y GPU, pero está muy por detrás de la competencia. En el sector tecnológico más importante del momento, Intel no tiene presencia relevante.

El tercer problema es la pérdida de clientes clave. Apple, que antes usaba exclusivamente Intel, no solo dejó de comprarles sino que ahora le hace la competencia directamente. Microsoft está apostando por Qualcomm con los Snapdragon X para sus dispositivos Surface. En servidores, AMD les está comiendo cuota de mercado año tras año gracias a mejor rendimiento y menor consumo.

Y por último, el negocio de fabricación para terceros que Intel intentó montar nunca despegó. Casi no tienen clientes y todo apunta a que acabarán cerrando ese servicio.

La NPU: el marketing del AI PC

Hay un concepto que Intel ha promovido con mucho ruido en los últimos años y que merece ser desmontado: la NPU y los llamados AI PCs. La NPU, Neural Processing Unit, es un pequeño coprocesador dentro del chip diseñado para cálculos de inteligencia artificial. Intel ha construido toda una campaña de marketing alrededor de esto, con términos como Copilot PC y AI ready.

La realidad es que la NPU es esencialmente marketing en el estado actual de las cosas. La gran mayoría de modelos de inteligencia artificial que usamos, desde ChatGPT hasta Claude, corren en servidores en la nube y no en el propio dispositivo. Los que sí pueden correr localmente necesitan una tarjeta gráfica porque las NPUs actuales se quedan muy cortas en potencia. Las únicas utilidades reales que aprovechan la NPU son pequeñas: desenfoque de fondo en videollamadas, mejora automática de encuadre de cámara y traducción de subtítulos en tiempo real. Cosas que la gráfica integrada podría hacer igualmente.

Comprar un procesador exclusivamente por tener una NPU más grande no tiene sentido en 2025. La decisión de compra debería basarse en arquitectura, eficiencia energética, número de núcleos y precio, no en un número de TOPS que en la práctica no se va a usar.

Conclusión: Intel sigue presente pero no es la mejor opción

Comprar un procesador Intel en 2025 no es un error. Los Ultra 200 funcionan bien y son una mejora respecto a las generaciones anteriores gracias al cambio a fabricación en TSMC. Pero en casi todas las categorías hay opciones mejores: AMD lidera en torres y está avanzando rápido en portátiles, Apple Silicon domina en eficiencia para Mac y Qualcomm compite en el segmento de ultrabooks Windows.

La ventaja real de Intel hoy es la disponibilidad. Si se busca un portátil en una tienda física, lo más probable es encontrar mucha más variedad con Intel que con AMD. Esa inercia comercial va a tardar años en cambiar. Pero para quien investiga antes de comprar, Intel ya no es la respuesta automática que fue durante décadas.

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