El overclocking puede variar según la plataforma, pero en esencia siempre busca lo mismo: subir la frecuencia del procesador para mejorar su rendimiento. Para lograrlo se juega con tres valores fundamentales: el voltaje, la frecuencia y la temperatura. Entender cómo interactúan estos tres factores es la clave para hacer un overclocking exitoso y seguro.

En esta guía usaremos como ejemplo un Intel Core i7-7800X, un procesador de la gama HEDT (High End Desktop) de la generación Skylake-X, aunque los principios aplican a la mayoría de procesadores modernos.

HEDT vs gama doméstica: una diferencia importante

Antes de entrar en materia conviene entender qué hace especial a los procesadores HEDT frente a los de gama doméstica como el Core i7-8700K o el i9-9900K.

La diferencia principal está en cómo se comunican los núcleos entre sí. En los procesadores domésticos, los núcleos están conectados en forma de anillo: la información pasa de núcleo en núcleo hasta llegar a su destino, lo que se conoce como ring bus. En los procesadores HEDT, en cambio, la comunicación se produce en una arquitectura de malla donde los datos viajan directamente entre núcleos, lo que hace la comunicación mucho más rápida.

El precio de esta arquitectura es que estos procesadores son físicamente más grandes, se calientan más y no alcanzan tan fácilmente las frecuencias altas que vemos en los de gama doméstica. Mientras que un 8700K puede llegar a los 5 GHz con relativa facilidad, el 7800X se mueve en un rango de overclocking de alrededor de 4,7 GHz. No es mejor ni peor, simplemente está optimizado para tareas que usan muchos núcleos a la vez, como exportar vídeo, y no tanto para gaming, donde los procesadores domésticos sacan ventaja.

Preparación en la BIOS: los primeros pasos

La mayor parte del trabajo del overclocking se hace desde la BIOS. Para acceder a ella hay que pulsar la tecla Supr justo al arrancar el ordenador, antes de que inicie Windows. Los menús varían según la marca de la placa base, pero los nombres y opciones son muy similares en todas ellas.

Lo primero y más importante es tener la BIOS actualizada. Conviene entrar en la web del fabricante y comprobar si existe una versión más reciente antes de empezar.

El segundo paso es activar el perfil XMP de la memoria RAM. XMP significa Extreme Memory Profile y es lo que permite que la RAM funcione a la frecuencia para la que fue comprada. Por defecto, muchas placas base la hacen funcionar a 2133 MHz aunque la RAM sea de 3000 MHz o más. Activar el perfil XMP es algo que conviene hacer aunque no se vaya a hacer overclocking, ya que de lo contrario se está pagando por unos megahercios que no se están usando. Como referencia, no merece la pena comprar RAM por encima de 3600 MHz, ya que a partir de ahí la mejora de rendimiento es prácticamente imperceptible.

Configurando la frecuencia del procesador

Con la BIOS actualizada y el XMP activado, llega el momento de tocar la frecuencia del procesador. El 7800X funciona por defecto a 3,5 GHz, con un Turbo Boost que puede subirlo a 4 GHz en momentos de carga. El objetivo aquí es sobreescribir esa frecuencia y fijarla manualmente.

El primer valor a modificar es el CPU Ratio Apply Mode, que se cambia a Turbo Ratio. Esto permite ajustar la frecuencia de cada núcleo de forma independiente. En este caso se subirá el Target CPU Turbo Ratio a 44, lo que equivale a 4,4 GHz en todos los núcleos.

Hay un detalle importante a tener en cuenta: las instrucciones AVX. Estas son operaciones especialmente costosas para el procesador que usan algunos programas. La placa base permite configurar que cuando se detecten estas instrucciones, la frecuencia baje automáticamente respecto al valor principal. Un ajuste recomendable es poner -3 para AVX y -5 para AVX-512, de forma que el procesador no sufra un estrés excesivo en esas situaciones.

El Ring Ratio, que controla la frecuencia de la memoria caché del procesador, se puede dejar en 24 para empezar. Lo ideal es que sea lo más parecida posible a la frecuencia del procesador, pero es algo que se puede ir ajustando más adelante.

Configurando el voltaje

Antes de tocar el voltaje es importante asegurarse de que la placa no lo está limitando. Para ello hay que entrar en el menú de configuración de energía, activar la opción Over Current Protection en modo Enhanced y deshabilitar temporalmente la opción SVD Communication. Esta segunda opción permite que el procesador le pida a la placa que baje el voltaje cuando considera que no lo necesita, algo útil en el uso normal pero que distorsiona las lecturas durante el proceso de overclocking. Se puede volver a activar al final de todo para ahorrar consumo.

El modo de trabajo recomendado para el voltaje es el modo Offset. En este modo la placa gestiona el voltaje según las necesidades del procesador, y el offset es simplemente un valor extra que se suma por encima. Si la placa aplica 1 V y le ponemos un offset de 0,2 V, el procesador recibirá 1,2 V. Este modo es más eficiente que el voltaje fijo porque el procesador puede bajar el consumo cuando no está bajo carga.

En el valor BCCIN, que es el voltaje de entrada al procesador antes de regularlo, se recomienda poner 1,8 V de forma manual para asegurarse de que ningún valor inferior lo sobreescriba.

Un aviso importante: la temperatura de protección del procesador, conocida como thermal throttling, se activa por defecto alrededor de los 100 grados. Cuando se alcanza esa temperatura la placa baja de golpe el voltaje y la frecuencia para proteger el chip. Este valor se puede cambiar en la BIOS, pero no es recomendable tocarlo bajo ningún concepto. Es la última línea de defensa del procesador.

Herramientas para probar la estabilidad en Windows

Arrancar Windows después de cambiar la frecuencia no significa que el overclocking sea estable. Significa que es estable bajo una carga ligera. Para saber si realmente funciona bien en todas las situaciones hacen falta herramientas específicas.

Las tres más útiles son las siguientes. HWiNFO muestra en tiempo real el voltaje actual, máximo y mínimo de cada núcleo, la frecuencia y la temperatura. Es la herramienta de monitorización principal durante todo el proceso. Cinebench R15 es un benchmark de rendimiento que pone a trabajar el procesador durante un tiempo breve. Es útil para una primera comprobación rápida, pero no es suficientemente exigente para garantizar la estabilidad. Prime95 es el test de estrés más duro que existe para procesadores. Ejecuta una función matemática llamada Fast Fourier Transform que pone a trabajar todos los núcleos a la vez con una carga durísima durante horas. Cualquier inestabilidad en el overclocking aparecerá aquí.

Una nota sobre Prime95: por defecto utiliza instrucciones AVX, lo que hace que la frecuencia baje según lo configurado en la BIOS. Si se quiere probar la estabilidad a la frecuencia máxima sin AVX, se puede editar el archivo de configuración del programa para indicarle que la CPU no soporta esas instrucciones.

El proceso de búsqueda del punto óptimo

La metodología es la siguiente. Se fija una frecuencia objetivo, en este caso 4,7 GHz, y se empieza con un offset de voltaje de 0,15 V. Se corre Prime95 durante al menos 15 minutos observando que no aparezcan errores y que las temperaturas no se disparen. Si todo va bien, se deja correr unas 4 horas para confirmar la estabilidad. Si hay errores o el PC se reinicia, se sube el offset en incrementos de 0,05 V y se repite la prueba.

Una vez encontrado el voltaje mínimo con el que el procesador es estable a esa frecuencia, se puede intentar subir la frecuencia un escalón más y repetir todo el proceso. En el caso del 7800X, los 4,9 GHz empiezan a mostrar errores incluso con voltajes altos, lo que indica que se está llegando al límite del silicio.

El objetivo final no es llegar al voltaje más alto posible, sino al mínimo voltaje con el que el procesador funciona de forma estable a la frecuencia deseada. Menos voltaje significa menos temperatura, menos ruido del sistema de refrigeración y mayor durabilidad del procesador a largo plazo.

Algo a tener muy en cuenta: voltajes por encima de 1,26 V en el 7800X ya generan temperaturas muy elevadas incluso con refrigeración líquida triple. En las pruebas realizadas a 1,35 V y 5 GHz, varios núcleos llegaron a activar la protección térmica en menos de 15 minutos. Esto no daña el procesador de inmediato, pero no es una configuración viable para el uso diario.

Conclusión

El overclocking no va a transformar radicalmente el rendimiento de un PC, pero sí puede dar ese empujón extra que retrasa la necesidad de actualizar el procesador. Es además un hobby entretenido que obliga a entender a fondo cómo funciona el hardware.

Los tres valores que hay que dominar son siempre los mismos: frecuencia, voltaje y temperatura. Subir la frecuencia sin suficiente voltaje genera inestabilidad. Subir el voltaje sin una buena refrigeración dispara las temperaturas. El equilibrio entre los tres es donde está el overclocking bien hecho.

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