La historia de AMD no empieza con AMD. Empieza con un transistor, un Premio Nobel y uno de los jefes más tóxicos de la historia de la tecnología. Entender cómo nació esta empresa explica mucho de lo que es hoy.

El origen: los ocho traidores y el nacimiento de Silicon Valley

William Shockley fue uno de los tres inventores del transistor y ganador del Nobel en 1956. Con financiación privada, fundó el Shockley Semiconductor Laboratory en Palo Alto, California, sentando las bases de lo que hoy conocemos como Silicon Valley. Era un genio, pero también un jefe extremadamente tóxico: exigía detectores de mentiras a sus empleados, hacía analíticas de sangre para buscar enfermedades hereditarias y era paranoico hasta el extremo.

En 1957, los ocho mejores ingenieros de Shockley decidieron marcharse y montar su propio proyecto. Los llamaron the Traitorous Eight, los ocho traidores. Convencieron al millonario Sherman Fairchild, heredero del imperio de IBM, para que invirtiese en su empresa y así nació Fairchild Semiconductor. Shockley nunca se recuperó. Fairchild, en cambio, dominó el mercado de circuitos integrados durante los años 60, siendo algo así como la Apple más Google más Nvidia de su época.

Pero el éxito generó tensiones internas y dos de los ocho traidores decidieron salir para fundar su propia empresa. Gordon Moore y Robert Noyce dejaron Fairchild Semiconductor para crear una pequeña empresa llamada Intel. Y Jerry Sanders, que era el comercial estrella de Fairchild con mucho carisma pero sin conocimientos técnicos profundos, reclutó a otros ingenieros y fundó Advanced MicroDevices. Así nació AMD.

La estrategia del segundón: clonar antes de innovar

Desde el principio, AMD no persiguió la innovación sino la fiabilidad. Mientras Intel buscaba revolucionar el mercado, AMD quería ser una alternativa más barata y confiable. Hacían circuitos lógicos estándar de buena calidad y con los años se metieron en memorias RAM.

El salto más importante llegó en los años 70, cuando AMD decidió fabricar microprocesadores. Su método fue estudiar el Intel 8080, el procesador estrella de la época, entender cómo funcionaba por dentro y clonarlo creando el AMD 9080. Nótese el nueve en lugar del ocho para que pareciera incluso mejor que el original, una técnica que la empresa sigue usando décadas después. El ordenador no sabía si tenía un chip de Intel o de AMD. Era prácticamente lo mismo, solo que más barato y con fama de ser más robusto.

En 2006 AMD tomó otra decisión histórica: comprar ATI, la empresa canadiense de tarjetas gráficas que competía con Nvidia. Esto convirtió a AMD en el único fabricante del mundo con procesadores y tarjetas gráficas bajo el mismo techo. En el momento pareció una jugada maestra, pero fue costosa de mantener. Mientras tanto Intel seguía avanzando y la brecha entre ambas empresas fue creciendo hasta llegar al punto más bajo de la historia de AMD en 2015, con acciones que valían menos que una hamburguesa de McDonald’s y la empresa al borde de la quiebra.

El renacimiento: Lisa Su y la arquitectura Zen

En ese momento crítico cambió la dirección de la empresa. Lisa Su tomó las riendas y apostó todo a una sola carta: la nueva arquitectura Zen. En lugar de competir de tú a tú con Intel, decidió reconstruir los procesadores desde cero con un diseño eficiente, modular y escalable.

En 2017 apareció Ryzen y con él el renacimiento de AMD. De repente, la empresa que todos daban por muerta se convirtió en el rival más serio que Intel había tenido en mucho tiempo. Procesadores con más núcleos, mejor precio y, sobre todo, innovación real. En pocos años AMD pasó de ser el segundón barato a liderar en potencia bruta, obligando a Intel a moverse rápido y tomar decisiones que en parte explican los problemas que tiene hoy.

La compra de ATI, que parecía tan mala inversión en 2006, resultó ser una jugada maestra a largo plazo: les permitió conseguir contratos millonarios con Sony y Microsoft para poner sus chips en la PlayStation y la Xbox, algo que a día de hoy sigue siendo una de sus grandes ventajas estratégicas.

La tecnología detrás de Ryzen: chiplets y arquitectura modular

La genialidad de AMD con Zen está en cómo diseñó la estructura interna de sus procesadores. Define una unidad mínima llamada CCX, Core Complex, con ocho núcleos y una memoria compartida en el centro que todos los núcleos usan para intercambiar datos.

Cada CCX se fabrica como un chip independiente, conocido como CCD o Core Complex Die. AMD fabrica estos chips en grandes cantidades y luego los usa como piezas de Lego. Para un procesador de seis núcleos cogen un CCD y deshabilitan dos. Para uno de dieciséis usan dos CCDs. Para los Thread Ripper de 96 núcleos simplemente apilan más CCDs.

Esta modularidad tiene una ventaja adicional: cuando en el proceso de fabricación algún núcleo de un CCD sale defectuoso, en lugar de descartar el chip entero simplemente lo deshabilitan y lo venden como un procesador de menos núcleos. Es lo mismo que hace Intel con su serie F, que son procesadores con la gráfica integrada dañada que se venden sin ella.

Los diferentes CCDs se comunican entre sí mediante Infinity Fabric, una tecnología de interconexión de alta velocidad que funciona como una autopista entre chips. No es perfecta, puede generar algunos cuellos de botella cuando una tarea está dividida entre dos CCDs, pero la ventaja en flexibilidad de fabricación compensa ampliamente esa limitación.

Además de los CCDs, cada procesador Ryzen incluye un IO Die, un chip separado que gestiona las comunicaciones externas: memoria RAM, PCIe, USB, SATA y todo lo que hay fuera del procesador. Es también el que controla el Infinity Fabric y coordina la comunicación entre los CCDs.

Los X3D: cómo AMD ganó el trono del gaming

Los primeros Ryzen eran buenos pero Intel seguía siendo mejor para gaming por un motivo concreto: Intel tenía mejor integración con las memorias, la caché era más rápida y tenía menos latencia. En los videojuegos, donde se leen datos de memoria constantemente, esta diferencia se traducía en más FPS para Intel.

Lisa Su encontró la solución de una forma directa y elegante: si el procesador necesita más caché para no tener que ir a buscar datos a la RAM tan frecuentemente, hay que soldarle más caché encima del CCD. Literalmente encima, en vertical, apilada sobre el chip. A esto lo llamaron 3D V-Cache. En lugar de los 32 MB habituales, los modelos X3D llevan 96 MB en el Ryzen 7 y 128 MB en el Ryzen 9.

El resultado fue inmediato: los procesadores X3D se convirtieron en los mejores del mundo para gaming. Un Ryzen 7800X3D de la generación anterior supera a todos los Intel i9 del mundo en videojuegos. El 9800X3D es actualmente el procesador más vendido en tiendas de componentes y el rey indiscutido del gaming en PC.

Gama actual de escritorio: Ryzen 9000 y APUs

La gama actual de escritorio se llama Ryzen 9000 y está basada en Zen 5. Tenemos el 9600, 9700, 9900 y 9950, con los modelos acabados en X pensados para overclocking y con frecuencias algo más altas de serie.

Como ocurre desde hace varias generaciones, dentro de cada línea existen los modelos X3D: el 9800X3D, 9900X3D y 9950X3D. Estos son para quien quiere el máximo rendimiento en gaming sin compromiso. Para el resto de usos, cualquier Ryzen de la serie 9000 o incluso de la serie 7000, que sigue siendo excelente y está entre los más vendidos, es una compra muy sólida.

La serie 8000 son las APUs, Accelerated Processing Units, procesadores que integran tanto núcleos de CPU como de GPU en el mismo chip. Son ideales para builds gaming de bajo coste donde no hay presupuesto para una tarjeta gráfica dedicada, o para dispositivos compactos. La gráfica integrada Radeon 780M que llevan equivale a varias tarjetas de la serie 3000 de Nvidia, suficiente para jugar a 1080p en calidad media o baja.

En el extremo alto existe la línea Thread Ripper, que llega a 96 núcleos. Está pensada para renderizado de películas, efectos especiales y tareas muy especiales que necesiten muchos núcleos o múltiples conexiones PCIe. Para uso doméstico ya no tiene sentido, los Ryzen normales cubren perfectamente cualquier necesidad del usuario promedio.

Portátiles: la gama más compleja y confusa

En portátiles la gama de AMD es más difícil de navegar por los cambios de nomenclatura recientes. Lo más potente que existe son los procesadores HX para gaming extremo, donde el 9955HX3D es actualmente el mejor procesador gaming para portátil del mundo, disponible en productos como el MSI Raider A18.

Los Ryzen AI Max son la línea más interesante para portátiles de productividad y creadores de contenido. El AI Max Plus 395 lleva la gráfica integrada más potente disponible en un portátil, la Radeon 890M, que puede compararse con una RTX 4060 Ti siendo mucho más eficiente energéticamente. Son perfectos para portátiles ligeros que también necesiten capacidad gráfica real.

Los Ryzen AI 300 son la gama principal, con arquitectura híbrida que combina núcleos Zen 5 grandes y núcleos más eficientes para equilibrar rendimiento y autonomía. Compiten con los procesadores H y U de Intel y los superan en prácticamente todos los apartados.

El problema principal de AMD en portátiles es la disponibilidad. La mayoría de estos procesadores son lanzamientos de papel: existen, están anunciados, pero encontrar portátiles que los lleven en España es difícil. Las marcas no los importan porque la demanda es baja y la demanda es baja porque no están en las tiendas. Es un círculo vicioso que AMD tiene que romper ganando más presencia y reputación en este segmento, donde Intel sigue dominando gracias a años de relaciones establecidas con los fabricantes.

Los problemas de la serie 7000: AMD también tuvo su crisis

Cuando se habla de los problemas de Intel con las series 13 y 14, conviene recordar que AMD también tuvo sus propios problemas en la generación anterior. Los Ryzen 7000 sufrieron inestabilidades, problemas con la RAM y perfiles Expo, y en los modelos X3D hubo casos documentados de placas base que se quemaban literalmente, con marcas de combustión visibles al levantar el procesador.

Estos problemas se fueron resolviendo mediante actualizaciones de BIOS a lo largo del tiempo y hoy la generación 7000 funciona establemente. Pero la situación fue generada en parte por la combinación de procesadores nuevos, el salto de DDR4 a DDR5 y fabricantes de placas y memorias que intentaban exprimir el hardware al máximo desde el primer día para ganar titulares. El resultado fue que las gamas más caras, las que más sufrieron los problemas, fueron también las que más publicidad negativa generaron.

La NPU: inteligencia artificial en el procesador o marketing

Todos los procesadores nuevos de AMD, Intel, Apple y Qualcomm incluyen ahora una NPU, Neural Processing Unit, un pequeño coprocesador dedicado a cálculos de inferencia de inteligencia artificial. Es lo que hace que lleven AI en el nombre y lo que Microsoft usa para vender sus Copilot PCs.

La realidad es bastante más sobria que el marketing. La NPU es útil para tareas muy concretas y de baja demanda: desenfoque de fondo en videollamadas, mejora automática de encuadre de cámara, traducción de subtítulos en tiempo real y algunas utilidades pequeñas de Windows. Para modelos de lenguaje reales como Llama o Flux, la NPU se queda completamente corta y hay que recurrir a la tarjeta gráfica, ya sea integrada o dedicada.

Las NPU con menos de 40 TOPS no sirven ni para la mitad de esas tareas básicas. Las que superan los 50 TOPS pueden hacer traducción en tiempo real. Pero incluso esas cifras no son deterministas porque el rendimiento real depende de otros factores como la memoria disponible y el tipo de cálculos que el chip puede ejecutar.

Para un usuario doméstico o gaming, la presencia o ausencia de NPU no debería influir en la decisión de compra. En escritorio no tiene ningún sentido porque la tarjeta gráfica dedicada es infinitamente más útil para cualquier tarea de IA. En portátiles tiene algún uso marginal para ahorrar batería en tareas muy específicas. En ambos casos, el valor real es mínimo en comparación con lo que el marketing promete.

Conclusión: AMD lidera, pero con trabajo por hacer

AMD en 2025 es una empresa muy diferente a la que estaba al borde de la quiebra hace diez años. Lisa Su transformó completamente la compañía, la arquitectura Zen revolutionó el mercado de procesadores y los X3D cerraron definitivamente la brecha histórica con Intel en gaming.

En escritorio, AMD es claramente la mejor opción en prácticamente todos los escenarios. Los Ryzen superan a los Intel Ultra en rendimiento, eficiencia y precio, con la única excepción de algunas tareas de edición de vídeo en Adobe donde los Ultra 9 con muchos núcleos pueden destacar. En portátiles AMD está avanzando pero Intel mantiene ventaja en disponibilidad y presencia en el mercado gracias a años de relaciones establecidas con los fabricantes.

El próximo capítulo de la guerra de chips incluirá a ARM, con Apple y Qualcomm como protagonistas, donde la situación es completamente diferente y las reglas del juego cambian de forma significativa.

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