Hace un año, Jensen Huang, el CEO de Nvidia, la empresa con mayor capitalización de mercado del planeta en este momento, apareció en un video de YouTube celebrando el 30 aniversario de Virtua Fighter, el juego de peleas de Sega. Muchos se preguntaron qué tenía que ver el hombre más rico del sector tecnológico con ese videojuego de los años 90. La respuesta es que sin Sega, Nvidia probablemente no existiría hoy. Pero para entender esa conexión hay que empezar desde el principio, y el principio no tiene nada de glamuroso.
Taiwán, Tailandia y un reformatorio en Kentucky
Jensen Huang nació el 17 de febrero de 1963 en Tainan, Taiwán, en una época en que ese país era todavía un lugar mayormente rural, con fábricas textiles y familias que soñaban con emigrar. Cuando tenía apenas cinco años, su familia se mudó a Tailandia buscando estabilidad económica. Pero a principios de los años 70, la situación en el sudeste asiático se complicó y sus padres tomaron una decisión que hoy resultaría impensable: enviaron a sus dos hijos a Estados Unidos completamente solos, con la esperanza de darles una mejor educación.
Jensen y su hermano David, de nueve y diez años, viajaron a un país donde no hablaban el idioma y no conocían a nadie. El contexto importa: en aquella época no había internet, los teléfonos internacionales eran caros y la comunicación era esporádica. Lo que sus padres pensaban que era un internado académico de alto nivel resultó ser el Oneida Baptist Institute en Kentucky, un reformatorio rural disfrazado de colegio al que se enviaba a niños problemáticos para corregir su conducta.
Jensen solo hablaba chino y tailandés. Fue aislado por ser extranjero, lo pusieron a limpiar inodoros con un cepillo de dientes, otros niños lo maltrataban y dormía en un cuarto húmedo sin saber si su hermano estaba siquiera en el mismo edificio. El propio Huang contó esta etapa de su vida en detalle en un podcast hace unos años. No es la historia de un niño genio al que todo le vino fácil. Es la historia de un sobreviviente.
Oregon, la Apple II y el ping pong
Un año después la familia se reunió en Beaverton, Oregon, una ciudad suburbana al oeste de Portland. Jensen tuvo que aprender inglés desde cero en una escuela pública. Lo hizo leyendo cómics, viendo televisión sin subtítulos y repitiendo palabras en voz baja durante los recreos para que nadie le escuchara y le hiciera bullying.
Una vez que dominó el idioma, se convirtió en uno de los estudiantes más avanzados de su clase. Entró a todos los clubes disponibles: matemáticas, ciencias, informática. Este último lo cautivó. Empezó a programar en Basic con una Apple II. También destacó en tenis de mesa, un deporte que había practicado en Tailandia y donde encontró por primera vez una comunidad que lo valoraba por su habilidad y no por su acento. En 1978, con quince años, compitió en el US Open Juvenil de ping pong y quedó tercero en dobles.
En 1980, dos años antes que la mayoría de sus compañeros, se graduó del colegio con dieciséis años. Ingresó a la Universidad Estatal de Oregon a estudiar ingeniería eléctrica, donde conoció a Lori Mills, con quien eventualmente se casaría. Para pagar sus estudios trabajaba de noche en un Denny’s en Portland, sirviendo café, lavando platos y limpiando pisos. Huang habla de esa época como una de sus mejores escuelas: aprendió a gestionar el estrés de una cocina en hora pico, a lidiar con clientes agresivos sin perder la compostura y a coordinar con compañeros sin necesidad de hablar.
AMD, LSI Logic y el encuentro que cambiaría todo
En 1984 se graduó de Oregon State sin contactos en Silicon Valley y sin padrinos. En 1985 consiguió su primer trabajo en AMD, donde trabajó como ingeniero de diseño de chips. Aprendió los ritmos industriales del silicio, los ciclos de fabricación y la validación técnica, pero su estadía fue breve. En menos de un año se presentó una oportunidad mejor en LSI Logic, empresa pionera en circuitos integrados de aplicaciones específicas ubicada en Silicon Valley.
Allí trabajó bajo la tutela de Will Corrigan, una figura clave en la historia de los semiconductores, y pronto lideró el diseño de microprocesadores personalizados para clientes externos. En ese rol conoció a dos ingenieros de Sun Microsystems que eran clientes de LSI: Chris Malachowsky, ingeniero eléctrico, y Curtis Priem, un diseñador introvertido obsesionado con la arquitectura de video y los controladores gráficos. Los tres compartían una visión: la PC como máquina multimedia, no solo para hojas de cálculo sino para crear mundos, simular la realidad y dar vida a la tercera dimensión.
Nvidia nace con 600 dólares y una reunión semanal en Denny’s
En 1992, Chris y Curtis dejaron Sun Microsystems y fueron a buscar a Jensen. Él dudó. Tenía familia joven, estabilidad y un buen sueldo. Pero no podía dejar de pensar en aquellas conversaciones sobre chips gráficos 3D. Empezaron a reunirse cada semana en un Denny’s de San José, con nada más que bocetos e ideas. En abril de 1993, Jensen dio el paso: dejó su trabajo y se unió al proyecto.
Los tres pusieron 200 dólares cada uno de sus ahorros personales, 600 dólares en total, y fundaron una empresa cuyo nombre deriva del latín: Nvidia, que en español significa envidia. Alquilaron un pequeño espacio en Fremont, California, y pusieron a trabajar a sus primeros ingenieros. El objetivo era ambicioso: crear el primer procesador multimedia verdaderamente 3D para PC, combinando gráficos, audio y física en un solo chip.
El primer gran paso fue conseguir financiamiento. El exjefe de Huang en LSI Logic, que ahora era socio en una firma de capital de riesgo, conocía bien a Jensen y estaba convencido de que podía lograr lo imposible. Invirtió en la empresa junto con otros fondos, permitiendo que Nvidia arrancara con un capital real para desarrollar su primer chip.
El fracaso del NV1 y el abismo
Durante 1994 y 1995 trabajaron a marchas forzadas en el NV1, técnicamente ambicioso sobre el papel. Soportaba gráficos en 2D y aceleración 3D, tenía audio digital e incluso un puerto para conectar los controles de la Sega Saturn. Jensen lo imaginaba como multimedia total en un único chip de silicio.
El problema fue la decisión técnica central: el NV1 usaba geometría basada en curvas cuadráticas para los gráficos 3D en lugar de triángulos. Era una aproximación matemáticamente elegante pero incompatible con lo que la industria estaba adoptando. Microsoft, SGI y 3dfx avanzaban hacia triángulos como estándar universal. Cuando en 1995 Jensen intentó convencer a ejecutivos de Microsoft de que adoptaran la geometría cuadrática como parte de Direct3D, la respuesta fue un no rotundo.
El NV1 se lanzó a mediados de 1995 y fue un fracaso comercial y técnico. Era difícil de programar, incompatible con los estándares emergentes y apenas se vendieron 50.000 unidades. Quedó obsoleto meses después del lanzamiento. Entre 1995 y 1996, Nvidia estaba al borde de la quiebra.
La llamada a Sega y el gesto que salvó Nvidia
En ese momento crítico, Sega Corporation se había acercado a Nvidia para que fabricaran el chipset de su próxima consola, la que terminaría siendo la Dreamcast. Nvidia estaba trabajando en el NV2 con esa intención, pero el problema era evidente: continuar con la arquitectura cuadrática para Sega significaba entregarles un chip incompatible con los estándares que Sony y Nintendo estaban adoptando. Sega quedaría aislada tecnológicamente y programar para la Dreamcast sería un mundo aparte. Si fabricaban ese chip, morían. Si no lo fabricaban, también.
Fue entonces cuando Huang tomó una de las decisiones más audaces de la historia empresarial reciente. Viajó a Tokio para reunirse con Shoichiro Irimajiri, el CEO de Sega en América, ex ingeniero de Honda que había diseñado motores de Fórmula 1. Entró a su oficina y le dijo dos cosas: que Nvidia no iba a entregar el chip acordado, y que necesitaba que Sega le pagara igualmente los cinco millones de dólares del contrato para mantener viva la empresa y poder redirigirse hacia algo que sí funcionara.
La propuesta era extraordinaria en su descaro: incumplir un contrato y pedir el pago de todas formas. Irimajiri pidió tres días para pensarlo. Al día siguiente llamó y dijo que sí. Sabía que sin ese dinero Nvidia desaparecería. Le dio los cinco millones y le deseó suerte.
El Riva 128 y el nacimiento de la Nvidia que conocemos
Con ese dinero, Huang ordenó reiniciar absolutamente todo. Abandonaron la geometría cuadrática y rediseñaron la arquitectura desde cero orientándola exclusivamente a triángulos, compatible con Direct3D y OpenGL. El resultado fue el Riva 128, lanzado en agosto de 1997, con un bus de memoria SDRAM de 128 bits que ofreció una ventaja clara sobre la competencia.
Las ventas del Riva 128 fueron espectaculares. Nvidia enderezó el rumbo y comenzó la trayectoria que la llevaría a convertirse en lo que es hoy. En 1999 lanzaron la GeForce 256, el primer chip en recibir oficialmente el término GPU. Después llegaron la arquitectura CUDA, la arquitectura RTX y en 2012 la apuesta definitiva por la inteligencia artificial, que décadas más tarde la convertiría en la empresa más valiosa del planeta.
La fortuna personal de Jensen Huang hoy supera los 150.000 millones de dólares, más del doble de lo que costó la compra de Activision Blizzard completa. El nombre Nvidia deriva del latín y significa envidia en español. En 1993, cuando tres ingenieros la fundaron con 600 dólares en una mesa de Denny’s, nadie tenía nada que envidiarles. La historia de cómo llegaron hasta aquí empieza con un niño que limpiaba inodoros en Kentucky sin entender el idioma que le rodeaba.








