Hubo un momento en la historia de la informática en que el software estuvo a punto de quedar completamente en manos de las corporaciones. El código que hacía funcionar las computadoras se volvió opaco, privativo, inaccesible. Lo que impidió que ese escenario se consolidara fue la aparición casi simultánea de dos figuras que, desde frentes distintos, lucharon por la misma idea: que el software debía ser libre. Sus nombres son Richard Stallman y Linus Torvalds.

Todo empezó con Unix

Para entender la historia de GNU/Linux hay que retroceder a los laboratorios Bell de AT&T, donde Ken Thompson concibió Unix, un sistema operativo diseñado para científicos e ingenieros de la computación. Unix era potente, elegante y portable, pero lo que lo convirtió en un estándar fue la intervención de Dennis Ritchie, quien adaptó el sistema al lenguaje de programación C.

Esa decisión fue fundamental. Al estar escrito en C, Unix podía compilarse en distintas arquitecturas de hardware, lo que permitió que empresas como Novell e IBM comenzaran a vender y distribuir sus propias versiones. En 1972, Bell Laboratories empezó a otorgar licencias del sistema. En 1975, la Universidad de Berkeley lanzó su propia rama llamada BSD. Y en 1980, Microsoft se sumó al tablero con su propia versión del sistema operativo.

El software comenzaba a convertirse en un negocio, y los usuarios estaban perdiendo el control sobre lo que se ejecutaba en sus propias máquinas.

Richard Stallman y la filosofía del software libre

En 1971, Richard Stallman se unió al Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT. Durante años trabajó en un ambiente de colaboración abierta donde compartir y modificar código era la norma. Pero entre 1983 y 1985 ese ambiente cambió: el propio laboratorio fundó una empresa llamada Symbolics que tomaba el código colectivo y lo convertía en software privativo.

Para Stallman, eso era una traición a los principios que habían hecho avanzar la informática. Rechazó acuerdos de no divulgación, se negó a firmar restricciones y decidió actuar. En 1983 anunció el Proyecto GNU —acrónimo recursivo de GNU’s Not Unix— con el objetivo de crear un sistema operativo completamente libre, compatible con Unix pero sin serlo.

El proyecto vino acompañado del Manifiesto GNU, en el que Stallman proclamó las cuatro libertades fundamentales del software libre: la libertad de usar el programa con cualquier propósito, la libertad de estudiar cómo funciona y modificarlo, la libertad de distribuir copias y la libertad de mejorar el programa y publicar esas mejoras. No eran solo principios técnicos; eran un código ético sobre la relación entre los usuarios y la tecnología que utilizan.

Para garantizar que esas libertades se mantuvieran en cualquier trabajo derivado, Stallman creó la Free Software Foundation y redactó la Licencia Pública General GNU (GPL), un instrumento legal que obligaba a que cualquier software construido sobre código GPL también fuera distribuido con las mismas libertades. Era, en cierta forma, usar las propias herramientas del sistema legal corporativo para proteger los derechos de los usuarios.

El problema del kernel: la pieza que faltaba

A principios de los años 90, el Proyecto GNU tenía herramientas, compiladores, editores y utilidades. Tenía, en esencia, todo lo necesario para un sistema operativo funcional excepto una pieza crítica: el kernel, el núcleo que actúa como intermediario entre el software y el hardware, el corazón que hace funcionar todo lo demás.

El equipo de GNU trabajaba en su propio kernel llamado Hurd desde 1990, pero su desarrollo era lento y complejo. El puzzle ideológico de Stallman estaba completo en todo menos en esa pieza central.

Linus Torvalds: el estudiante finlandés que no sabía lo que estaba creando

En Helsinki, en la Universidad de esa ciudad, un estudiante llamado Linus Torvalds llevaba tiempo fascinado por Unix. En 1991, desde su casa, usando un PC conectado a la red universitaria a través de un módem, comenzó a desarrollar un pequeño proyecto personal: necesitaba que su computadora enviara señales desde el teclado al módem y mostrara respuestas en pantalla. Necesitaba también un controlador de disco para transferir archivos desde su casa al servidor universitario.

Pieza por pieza, casi sin darse cuenta, Torvalds estaba construyendo un kernel. La versión 0.01 fue un prototipo apenas funcional. La versión 0.02, anunciada públicamente en un grupo de noticias de Usenet, fue el momento en que el proyecto tomó un giro que él mismo no había previsto: otros programadores leyeron el anuncio y quisieron participar.

En esa segunda versión, Torvalds había incorporado herramientas del Proyecto GNU de Stallman —el intérprete de comandos Bash y el compilador GCC— y tomó una decisión que cambiaría la historia del software: adoptó la licencia GPL para su kernel. Con ese movimiento, Linux se convertía oficialmente en software libre y cualquier persona del mundo podía estudiarlo, modificarlo y contribuir a él.

El encuentro de dos mundos: GNU/Linux

Stallman tenía el sistema operativo completo pero sin kernel. Torvalds tenía el kernel pero sin sistema operativo completo. Cuando ambas piezas se unieron bajo la misma licencia y la misma filosofía, nació GNU/Linux: un sistema operativo completamente libre, construido por la colaboración de miles de personas que compartían la convicción de que el software no debía ser propiedad exclusiva de nadie.

La noticia se extendió con rapidez. Desarrolladores, entusiastas y eventualmente empresas se sumaron al proyecto. Canonical, System76 y Red Hat, entre otras, construyeron sobre esa base sus propias distribuciones, cada una con un enfoque diferente pero todas sostenidas por el mismo kernel y los mismos principios.

El kernel Hurd de GNU nunca alcanzó la popularidad de Linux, pero sigue disponible para quien quiera usarlo. La historia, sin embargo, la escribió la unión de Stallman y Torvalds.

Por qué importa esta historia

En las décadas de los 70, 80 y 90, el software estuvo a punto de cerrarse por completo. La lógica corporativa apuntaba hacia ecosistemas privados, código opaco y usuarios sin acceso ni control sobre las herramientas que usaban cada día. Lo que cambió ese rumbo no fue una empresa ni una inversión millonaria: fue la convicción de dos personas de que el conocimiento y el software debían ser libres, y la decisión de construir las herramientas legales y técnicas para hacerlo posible.

Hoy, GNU/Linux alimenta servidores, supercomputadoras, teléfonos Android, routers domésticos, sistemas embebidos en automóviles y consolas de videojuegos. Es la base invisible de buena parte de la infraestructura digital del mundo. Y todo empezó con un manifiesto, un grupo de noticias de Usenet y la decisión de no firmar un acuerdo de no divulgación.

Línea de tiempo del Video

00:00 Introducción
00:44 El inicio de Unix
01:14 Unix se adapta al lenguaje C
02:23 Richard Stallman y su filosofía
03:45 La fundación del proyecto GNU
04:15 La Free Software Foundation y la GPL
04:45 La creación de GNU como S.O.
06:07 Linus Torvalds y el kernel Linux
08:24 Linux y la adopción del GPL
09:06 Unión de GNU y de Linux

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